Acto de Conmemoración Día del Inmigrante

 Centro Cultural Comunitario Leonardo Favio, Villa María

... “A todos los habitantes del mundo que quieran habitar el suelo argentino", dice el

preámbulo de la Constitución de la Nación Argentina (1853)

Mi historia comienza hace algo más de 80 años.

 

En 1932, llega a Villa María Pablo Gornitz, mi abuelo.

En Adelsk, un pequeño pueblo de Polonia, queda Raquel su señora y 4 hijos, Salomón mi padre, León, Alter y Sonia. Con una pequeña valija llena de ilusiones pero con solo 1 dólar, sin conocer el idioma, comienza a vender puerta por puerta.

En polaco o en Idish, o con algunas palabras de español, le vendía a otros inmigrantes que le respondían en español, en italiano o en una mezcla de idiomas.

¿Cómo se entendían? Un idioma común los unía, sufrimientos pasados y la utopía de vivir en paz, trabajar, comer y poder educar a sus hijos, o como decían poder hacer la América.

Cada vecino era un paisano, no importaba su origen. Solo importaba que todos trabajaban por una vida mejor.

Al año, lo que parecía imposible. El trabajo de Pablo permitía llegar a Raquel y sus 4 hijos a Villa María.

Verlos crecer, y colocar en la puerta de la casa de la calle Salta al 500 las placas de “mi hijo el doctor, el ingeniero, el constructor, la arquitecta, la médica”

Las banderas presentes muestran diferentes orígenes, diferentes familias, diferentes protagonistas.

Sin embargo todos tenemos una historia en común.

¿Cómo honrar el esfuerzo de aquellos inmigrantes?

¿Nos acordamos de nuestros orígenes?

¿Estamos abiertos a los nuevos inmigrantes?

En Argentina, la utopía es realidad.

Paz, trabajo, educación.

Hoy como hace 80 años y para "todos los habitantes del mundo que quieran habitar el suelo

argentino".

Pablo Gornitz

Sociedad Israelita de Villa María

 

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