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De la hiperinflación al crecimiento sostenido: los secretos de la economía israelí contados por un argentino

En el 2011 hubo fenomenales manifestaciones de protesta en Israel. Los indignados se quejaban porque no les alcanzaban sus sueldos para pagar los altos costos de los alquileres ni la educación de sus hijos. Benjamín Netanyahu convocó a uno de los profesores que estaban en las calles para proponer los cambios necesarios. Las soluciones vinieron de la Comisión Trajtenberg, por Manuel Trajtenberg, un argentino nacido en Córdoba que vive en Israel desde 1969. Involucrado desde muy joven en la vida comunitaria, quiso ser parte de la construcción del nuevo estado judío. Esta figura popular en Israel, que siempre navegó entre la academia y la política, entre la razón y la pasión, estudió economía en la Universidad Hebrea y luego hizo un doctorado en Harvard. Hace dos años estuvo en la Argentina reunido con Marcos Peña. En diálogo con Infobae cuenta el secreto israelí que terminó con la inflación y llevó al estado judío al podio de las naciones más exitosas del mundo.

– ¿Cómo era la economía israelí cuando usted estudiaba?

– Muy distinta a la de ahora, porque tenía una fuerte tendencia socialista, igualitaria, muy centralista, también muy cerrada, había control de flujos de capitales. Histadrut, la central obrera israelí, controlaba un tercio de la economía. Es uno de los secretos de lo que cambió en Israel.

– ¡Nada que ver con lo que sucede hoy!

– ¡Por cierto que no! Lo que cambió Israel es realmente notable. Desde el 2003-2004, Israel es una economía que crece todo el tiempo, la deuda externa baja en relación a su producto bruto en forma permanente, no hay inflación, hay superávit en la balanza de pagos. Hay dos o tres economías que tienen una perfomance tan buena, Australia, Canadá, Alemania e Israel. Y se acabó. Son las que no sufren las crisis globales.

– No padecieron, por ejemplo, la crisis del 2008.

– Nosotros tuvimos una pequeña contracción en el 2009, pero mínima. Mirando hacia atrás, uno se pregunta cómo fue que pasamos de una economía cerrada a esta economía que tenemos hoy y es impactante.

– ¿Cuando usted estaba estudiando es cuando se produjo la hiperinflación?

– Yo vivía en Boston y volví acá y no podía creer. Había hiperinflación, más de 500%, una economía totalmente cerrada, sindicatos muy poderosos, empresas que eran de los gremios. En julio 1985, después de que probaron cantidad de cosas que no anduvieron, se largaron con un plan radical, que de golpe paró la hiperinflación, de 500% a 25%. Ese plan inicial bajó la hiperinflación y comenzó un proceso de reformas que dura hasta hoy en día.  Uno está embarcado en un programa que tiene una lógica interna, mecanismos, no es algo que se empieza y se termina, es una revolución permanente con una meta clara y persistencia, paciencia.

– ¿Y de qué se trató ese programa de reformas?

– Abrir la economía y el mercado de capitales, privatizar empresas. Y algo que sucedió en la Histadrut fue realmente notable. Para conducir la central obrera hay elecciones democráticas. Y, en determinado momento, se postula para conducirla alguien que hizo campaña diciendo que iba a desarmar ese mecanismo empresario gremial. Había muchos que decían que había que hacerlo, pero nadie tenía el coraje para hacerlo. Suele suceder que muchas veces se entiende lo que hay que hacer, pero no se tiene el coraje de encararlo. El que lo hizo se llama Haim Ramon y desarmó el poder económico.

– En la Argentina también hay sindicalistas que entienden que hay que hacer reformas radicales, pero no se animan a expresarlo públicamente.

– El populismo limita muchas veces a la dirigencia. Aquí lo que pasó es que la palabra “reformas” se transformó en palabra santa, si no hablas de “reformas” está mal. Se entró en la conciencia de que eso es lo crítico para que las cosas funcionen. Y después de muchos años, hay claridad de que todavía es algo no terminado. Ahora, por ejemplo, la compañía de electricidad nacional sigue siendo un monopolio, y están tratando de abrirla y algo se ha logrado. Lo mismo sucedió en los puertos. Hubo que construir puertos privados para sacarle la hegemonía al que era del estado. Los monopolios estatales siempre son los más peligrosos, porque tienen la capacidad de dominar al conjunto y porque son focos de corrupción. Eliminar los monopolios estatales, privatizar, abrir los mercados es el camino para el crecimiento sostenido.

– Ahora hay una lucha enorme en la Argentina dentro de la aerolínea de bandera, ya que los sindicatos de pilotos no quieren aceptar que haya pilotos extranjeros. En realidad, el problema es que no quieren no ser ellos los que digan qué pilotos pueden trabajar y qué pilotos no.

– La compañía El-Al fue privatizada hace años en Israel, en un proceso muy largo, donde se alcanzó la política de cielos abiertos. El-Al tiene un porcentaje muy chico del porcentaje de vuelos comerciales. Unos años atrás tenía la  mayoría y perdía plata. Ahora tiene un porcentaje pequeño y gana plata, porque se abrió totalmente. Hay tantos vuelos que no sé cómo va a aguantar el aeropuerto internacional. Hay 3 veces más vuelos que hace 10 años. Hay vuelos directos de Israel a cualquier lugar del mundo, es algo increíble. No hubiera podido ocurrir solo con El-Al.

– Entiendo que lo que posibilitó el programa permanente de reformas en Israel es el hecho de que esa crisis del 84/85 hubo elecciones que resultaron muy empatadas y los dos partidos, el Laborista y el Likud formaron un gobierno de unidad nacional.

– Eso facilitó el proceso, sino hubiera sido muy difícil tomar las medidas drásticas que se tomaron. Pero el proceso que se inició en ese momento no es dependiente de la unidad nacional, porque no duró mucho. Lo que duraron son los mecanismos internos. Le voy a dar un dato que me parece clave, que es independiente a quién gobierna.

– A ver, cuénteme.

– Lo que ocurrió, y es un secreto del que no se habla, porque es algo que parece muy técnico, y no lo es. El ministerio de economía se convirtió en el ministerio más importante del estado y, dentro de ese ministerio, se hizo algo increíble. Es un ministerio que tiene cinco órganos principales. Uno de ellos es la división de presupuesto, que es el poder central de Israel, por lejos. Tiene más fuerza, incluso, que el primer ministro.

– ¿Y quién trabaja ahí? ¿Lo elige el gobierno de turno?

– Eso es lo increíble. Trabaja ahí gente joven, economistas recibidos de las mejores escuelas, que están instruidos para que tengan el convencimiento de que son los que tienen que salvar al país. Trabajan ahí 10 o 12 años, y afuera. Se llaman “los cadetes del tesoro”, tienen una fama muy mala porque son los que dicen que no, los que tienen la fuerza para decirle que no a ministros, a cualquiera. No les importa nada. El ministro de economía de Israel no sabe qué es lo que hay adentro del presupuesto, realmente. A mí me llevó años entender cómo funcionaba el proceso.

– ¿Y cuándo fue que lo entendió? ¿De joven?

– No, diría que hace 10 u 11 años, cuando me llamó el premier Olmert que me pidió que fuera su asesor económico y le dije que tenía que crear un Consejo Económico y Social para que pueda tomar decisiones. Desde ese lugar, vi el poder de decisión que tenían esos cadetes, una institución creada intuitivamente para suplir un problema que se arrastraba durante años, la falta de control presupuestario. El presupuesto era como una cañería que tenía filtraciones. Lo que se necesitaba era un plomero que controle la cañería. Fue así, algo intuitivo. ¿Dónde tiene que estar ese plomero? En la oficina de presupuesto. Tiene que ser un plomero dedicado, joven, el mejor, que vea que la cañería funcione bien.

– Y que controle que no vuelvan a producirse nuevas filtraciones, porque si no el esfuerzo fue en vano.

– ¡Claro! Yo fui miembro de la Knesset durante dos años y medio y miembro de la comisión de presupuesto ahí, en la asamblea. Y lo vi del otro lado. Las presiones que hay para abrir la canilla son enormes. Se reúne la comisión y los diputados de un lado y del otro piden urgentes presupuesto para esto y lo otro, siempre necesidades urgentes y dramáticas. Están ahí los cadetes del presupuesto, con cara de póker, y no dan un centavo no importa lo que digan o lo que griten. Es increíble el compromiso que tienen con el estado israelí,  el control del presupuesto, porque si abren un poquito, se acabó el asunto. Porque dejan pasar una gotita, y después viene otra, y se rompe la cañería de nuevo. Hace 33 o 34 años de esto, es algo increíble.

– Esto para la Argentina es un mensaje fuertísimo.

– Yo he visto las cosas de todos lados. Desde el ministerio, desde la Knesset, también cuando me nombraron en la comisión que se creó en el 2011.

– ¿Cuándo hubo esas fenomenales movilizaciones?

– En el 2011 hubo una protesta social muy grande en Israel por la carestía de la vida. Porque, entre otras cosas, la restricción presupuestaria ajusta en la clase media y hubo reacción. Medio millón de personas se movilizaron y no se rompió un vidrio, nada.

– ¿Y usted estaba en las manifestaciones?

– Sí, con mis hijas. Y vuelvo a casa y me llama el premier Netanyahu para convocarme a mediar con la situación. Le digo que no, que yo estaba en la movilización, y que mi mujer respaldaba mi decisión. Entonces el ministro de defensa de entonces llama a mi mujer para convencerla.

– ¿Su mujer es académica?

– Era académica en ese momento. Actualmente es la gobernadora del banco central acá, por unas semanas.

– ¡Ah!

– De repente yo estaba en mi casa mirando televisión y veo un titular diciendo que “Trajtenberg aceptó una comisión mediadora con los manifestantes”. Todavía no había aceptado, pero ya estaba anunciado. Así fue que acepté y en solo 49 días saqué un informe con medidas, propuestas concretas, en diálogo con los manifestantes. Hicimos reformas de impuestos y medidas como, por ejemplo, establecer jardines de infantes gratuitos para niños 3 y 4 años.

– ¿Y los cadetes del presupuesto qué dijeron con esas propuestas del informe?

– Estaban asustadísimos. Sabían que yo era un peligro para ellos, porque las demandas eran enormes. Pero esa comisión de cambio económico, más conocida como comisión Trajtenberg, llegó a la conclusión de que “la solución no es abrir la canilla”. Abrir la canilla puede ser una medida dentro de un proceso de cambio de prioridades, pero la solución nunca empieza por abrir la canilla. Si hay un problema es porque el sistema no anda bien, por definición es así. Si el sistema no anda bien y se le da más presupuesto, se va a fortalecer lo que no anda bien. Es algo elemental, así de sencillo. La tendencia natural es “hace falta más”. Bien, pero la pregunta es cómo se hace. Los cadetes estaban muy asustados, pero como yo dije que la solución no era abrir la canilla, se fueron tranquilizando.

– ¿Cómo fue que decidió dar ese paso, de la calle a la comisión que lleva su nombre?

– Mire, yo entendí que tenía una responsabilidad. Por mi historia, por mi sensibilidad social. Voy a contarle algo muy chiquito. El lema de la protesta social era, en hebreo, “el pueblo demanda justicia social”. Pero lo decían con el tono que en Argentina cantábamos “el pueblo unido, jamás será vencido”.

– Tremendo.

– La primera vez que yo me reuní con los manifestantes, muchos de los que me consideraban un verdadero traidor, les pregunto cuál es el lema. Y se los digo en castellano y les cuento que de ahí vengo yo, lo que cambió el diálogo. No es algo que se pueda explicar. Todavía hoy se me eriza la piel, de ahí uno viene, no de arriba. Y les digo, en hebreo, unos versos de las “Coplas del payador perseguido”, esas que dicen “yo vengo de muy abajo y muy arriba no estoy, así es que estoy contento y valgo por lo que soy”. Eso es algo que yo llevo en la sangre. ¿Sabe lo que yo hago todos los viernes a la noche, cuando celebramos el shabbat?

– ¿Qué hace?

– Todos los viernes a la noche escucho a Mercedes Sosa y también las coplas del payador perseguido y Jorge Cafrune. Son cosas que no te da Harvard, sino que llevas en la sangre. Durante muchos años no volví a la Argentina, quería conservar la Argentina de la que me nutrí, el folklore, la humanidad, la sensibilidad social, un tesoro que no quería que se contamine con los generales de la dictadura. No quería que me toquen eso que traía. Y fíjese que eso salió a relucir en el 2011, acá. Y sirvió para que se entienda que mi compromiso era auténtico, interno, profundo, no era parte de un show.

– ¿Cómo está viendo la Argentina?

– La salida del populismo es muy difícil. Estuve hace dos años en la Casa Rosada y Mauricio Macri estaba en el exterior, pero estuve reunido con Marcos Peña y me impresionó muy bien, me cayó muy bien el grupo de gente joven, muy auténticos, quieren hacer reformas muy bien intencionadas. Entienden la responsabilidad que les cayó y lo que yo pensé es que es una oportunidad magnífica para la Argentina, pero al mismo tiempo vi las dificultades, porque se ve que es difícil.

– ¿Dónde ve las dificultades?

– Argentina tiene una maldición histórica que entendí leyendo los libros de Felipe Pigna donde narra cómo empieza la Argentina. Buenos Aires se establece para hacer un puente entre el oro que bajaba del Alto Perú para sacarlo por el puerto, era una aduana y, por lo tanto, había corrupción. Ese fue el leit motiv de Buenos Aires, la forma de ver la realidad es que hay un flujo de riqueza y hay que ingeniarse para agarrar algo para vos. Ese flujo de riqueza puede ser el oro del Perú, el ganado, la soja, el petróleo, no importa qué. Es un flujo de riqueza interminable, es esa idea de un país rico.  La misión es agarrar algo de eso, no producirlo. Es elemental para entender la Argentina. Anda a establecer un sistema racional de producción a largo plazo. Si Argentina fuera pobre sería más fácil. Si fuera muy muy rica como Kuwait, también.

– ¿Israel puede ser una receta para la Argentina?

– No pretendo tener ninguna receta. No sé si lo que se hizo en Israel se puede implementar en la Argentina, solo sé que lo más importante es saber cuál es nuestro enemigo real y el enemigo real es Isidorito, el síndrome del vivo que no trabaja y se aprovecha de la riqueza generada por otros. Cuando yo vine a vivir aquí había una flor silvestre muy linda que todos cortaban y se llevaban para la casa. Pero de repente ya no se encontraban más esas flores, entonces se hizo una campaña en las escuelas para que los niños les dijeran a sus padres que no cortaran esas flores. Así, de la noche a la mañana, nadie más cortó esas flores y ese cuidado transformó la conducta de los israelíes frente a todo el espacio público.

Fuente: Infobae

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